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Más notas en la ventana y nada en el armario

Publicado en16/10/2020 Por
Más notas en la ventana y nada en el armario

Más notas en la ventana y nada en el armario. Mi armario está a reventar de ropa y no encuentro nada que ponerme para la cena con Alan. Todo empezó cuando se mudó desde Bélgica a España y atracó por estribor con su casa flotante. Cómo sabéis vivo en un barco y en mi barrio lo de atracar tiene un sentido marinero, nada de problemas rollo Bronx. En mi vida Guns N' Roses se limita a temas musicales que me recuerdan a momentos geniales rodeada de gente y sarao.


Pues bien, Alan llegó hace cosa de un mes con su sonrisa de dientes perfectos y acento flamenco muy peculiar, chapurreando una especie de castellano libremente versionado. Me contó que se dedica a la arquitectura y el diseño de interiores y como podéis imaginar, eso sirvió cómo pistoletazo de salida para muchas horas de conversación en cubierta. Cada uno en la suya, que quede claro. Por eso hoy mi armario está vacío y tengo ropa por todas partes. La cosa es que después de charlas y risas descubrí una nota pegada en su ventana con la que me invitaba a cenar sushi. Y aquí estoy, en guerra con mi armario Shadow en color madera de Ethnicraft, en busca del look perfecto para cenar con un hombre que me resulta interesante de verdad.


Confieso que el armario no es pequeño y que me puse muy pero que muy contenta cuando vi que casi toda mi ropa cabía dentro el día que llegó a casa. Y digo casi, porque cuando me mudé varias cajas de ropa se fueron rumbo a Francia, donde unos bondadosos padres les hicieron espacio, pero esas “casi” no cuentan.


Armario Shadow de Ethnicraft en CarlaKey
En realidad es una experiencia fantástica, la de vivir en un barco, pero no es muy amplio. Los minimalistas saben disfrutar más con lo mínimo, un rollo Marie Kondo y sus increíbles ideas de poner orden en casa, pero yo tuve que aprender a optimizar el espacio cuando comencé a hacer cajas y cajas.


La nota que Alan dejó para mí, acababa con el dibujo de un flamenco cómo firma de autoría y eso me hizo pensar que había escuchado alguna, si no todas, de las conversaciones con mis amigas en las que hablábamos sobre él. Si piensas que las paredes de pladur son cómo altavoces, no te vayas a vivir en un barco. 


¡Cómo lo mencione durante la cena, me voy a morir de la vergüenza! 




Respecto a la cena, dos cosas voy a contarte: Una, llevo dos horas rebuscando en el armario y todavía no sé qué ponerme. Mi armario Shadow está cada vez más vacío y mi escritorio Finn , con su madera oscura y su acabado aterciopelado en color verde botella, está cada vez más lleno de una montaña de ropa que me va a llevar un buen rato colocar. Dos, no se usar los palillos chinos y eso me pone de muy mal humor. Me flipa cuando veo a todas esas relajadas chicas en sus citas conversando tranquilamente sobre cualquier tema, contando maravillosas historias que acaban en carcajada monumental.


Charlan y comen manteniendo la gracia y el vestido intacto ¡Yo no! Me ponen de los nervios, a mi dame un tenedor con el que mantener la dignidad y la comida alejada de mis prendas de vestir, si no puede ser que … acabe comiendo con las manos o que no pruebe bocado!!! Cualquiera de las opciones es válida.  Lo que sea por no sufrir el bochorno de usarlos. Creo que es un trauma, lo de los palillos, me refiero.


Hace mucho tiempo me fui a uno de esos restaurantes japoneses en los que comes alrededor de la cocina mientras el cocinero va preparando la comida y de vez en cuando, te lanza un pellizco de comida para que hagas el ridículo tanto si lo coges como si no.


Pasé una noche fatal, apretujada junto al resto de comensales, en un sitio que se llenó de humo, al que entré oliendo a XS de Paco Rabanne y del que salí oliendo a fritanga y que por supuesto no te ofrecía tenedores.


Ya sabes: si vas de moderno, demuéstralo.


Total, que me manché con la comida y me quemé cuando el muchacho me lanzó un poco de pescado y tuve que comer con las manos metiendo los dedos en la salsa de soja que compartía con un chico guapo y urbanita que conocí en una fiesta de una amiga, porque si no tenía que renunciar a comer. Él se rió pero a mi la cosa me resultaba incómoda y acabé de muy mal humor en un taxi rumbo a mi casa después de tomarnos un par de sakes y ver que la noche no remontaba.


Silla Barbara de Dutchbone en Carlakey

Me sentí igual que Carrie Bradshaw en la cabecera de Sexo en Nueva york, cuando va caminando con su icónica falda de tul rosa y un autobús le salpica el agua de un charco.


No se que ponerme, por más vueltas que le doy. 

Aquí sigo sentada en la silla Barbara de Dutchbone, que uso cuando trabajo en el escritorio, mirando en armario. Alguna cosa debe haber que pueda salvarme la noche, digo yo.


La verdad es que hace tanto que no quedo para cenar que he olvidado la ropa de vestir que tengo. Hasta el rímel se me ha secado. 

¡Ya sé! Tengo un vestido azul de topos que va a ser perfecto para una cena de noche y en un barco. Me voy a poner mona y disfrutar de la cena.

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